Esta reflexión la he sacado de algún sitio, no sé si de Elias Canetti o de Cesare Pavese y su 'Oficio de vivir' (también hay un automatismo que me hizo elegir este nombre para el 'post', sin recordar el título de esta obra). Tengo mucho desorden. Intentaré recrear la idea a mi manera: La evolución ha elegido la boca como el lugar para el lenguaje. Ha elegido una ranura armada de dientes que condiciona el tercio inferior de la cara y nos emparienta con las fieras. Ha elegido la boca y no el ano, de manera incomprensible. El ano está mejor dotado de pliegues y habría sido capaz de reproducir una mayor variedad de vocales y sonidos consonánticos, como ya se aprecia en ciertas ventosidades. Además, realiza menos funciones que la boca y, por ello, cuenta con mayor grado de especialización. El lenguaje y lo que en general tienen los humanoides que decir no interferiría apenas con el principal uso del ano, que es defecar. Pero la evolución no ha tenido en cuenta estas ventajas. También ha descartado como envase del lenguaje estas dos orejas, tan bidireccionales y divertidas. Habría sido un acierto escuchar por el mismo sitio por el que se habla. Sin embargo, ha elegido finalmente la boca, por un solo motivo: allí entran los alimentos y de allí deben salir los gritos de hambre. ¿Y qué es el lenguaje sino un grito de hambre?
Palabras sueltas, ideas cluecas, una arandela y un envoltorio de chicle. Todo lo que cabe en un bolsillo tras un largo viaje. Iñaki de las Heras.
martes, 13 de septiembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
El oficio de vivir (V)
Los cubiertos son una versión estilizada de los juguetes de playa. La cuchara es la pala con la que apilamos la comida, y el tenedor el rastrillo con que peinamos el puré o trincamos con sádica ira la carne muerta. Sin embargo, el cuchillo nos recuerda que ya no somos niños ni jugamos con arena de playa, sino con una materia que debe ser despiezada con la ira del hambre, la trituradora de los dientes, el ácido de la entraña.
martes, 6 de septiembre de 2011
El oficio de tropezar dos veces con la misma piedra (X)
La mente tiene dos formas de buscar un frasco de mermelada en el supermercado. Hay una forma intuitiva, en la que acude presta a la sección de desayuno, y hay otra exhaustiva, en la que recorre uno a uno todos los pasillos del supermercado hasta hacer el hallazgo. La intuición es ágil y creativa, uno de los mejores inventos de todos los tiempos. La exhaustividad, a la vista está, nos deja exhaustos y además es lenta. Es el triste recurso de quien no sabe intuir. Dicho esto, el ordenador solo tiene una forma de buscar el frasco de mermelada, la exhaustiva. Le falta talento, pero tiene dos cosas a su favor: no acaba exhausto con la exhaustividad y además es rápido como el rayo. Siendo exhaustivo, el ordenador supera al hombre intuitivo. Y no falla. En un supermercado, recorre todas las secciones a toda velocidad, sortea a todos los consumidores, ignora todas las ofertas, hasta que encuentra la mermelada. Y tarda menos que el humanoide, que se ha entretenido en una cata de quesos y está a punto de olvidarse de la mermelada. No tengo nada en contra. Hemos perdido la batalla, pero no guardo rencor. Enciendo el ordenador, abro ventanas, observo cómo la tecnología devalúa las creaciones humanas, acato el nuevo orden. Algún día, cuando no se trate de buscar mermeladas, seremos de nuevo dueños de nosotros mismos.
viernes, 8 de julio de 2011
El ofico de trasnochar (VI)
Dice Luis Rosales en 'La casa encendida': “El dolor es un largo viaje,/es un largo viaje que nos acerca siempre,/que nos conduce hacia el país donde todos los hombres son iguales”. El dolor nos acerca y nos iguala, pero el miedo al dolor nos hace crueles y despiadados.
lunes, 4 de julio de 2011
El oficio de tropezar dos veces con la misma piedra (XI)
“¡Arriesga!, o vivirán tu vida por ti”, dice el filósofo aforístico Mario Pérez Antolín en la contra del miércoles pasado de La Vanguardia. Como lema no está mal, pero no me arriesgo a aceptarlo precisamente porque es un lema y porque hay otro lema que dice “No dejes que los lemas vivan por ti”. Luego, en la entrevista, dos felices aportaciones. La primera, eso de la “medicalización de la política”. “De la teopolítica pasamos a la biopolítica: de condenar ideas desde la moral, hemos pasado a diagnosticar males desde la medicina. El inquisidor es hoy el médico y el técnico en servicios sociales”. El otro apunte, mejor aun: “Superado el binomio clasista explotador-explotado, hoy tenemos por debajo del paria al invisible. El escenario es virtual: visibles-invisibles. La lucha, hoy, consiste en hacerse visible. De ahí el auge de la red social, de los 'realities': hay que aparecer, exhibirse...”
miércoles, 29 de junio de 2011
El oficio del vago (VI)
He estado varios días sin escribir en este blog para que su millonaria audiencia note el vacío de la comunicación, el eléctrico silencio de los píxeles deshechos en la red, enredados a ciegas sin nada que decir. Una vez infringido este castigo, doloroso como un pisotón, he decidido subirme a la ola y transformar este baludaque oligofrénico en un medio de pago. En efecto, a partir de ahora, el visionado de este blog tendrá un coste de dos euros por mirada de reojo, de tres euros por lectura rápida con movimiento sagaz de cabeza y de cuatro euros por posado de ratón sobre alguna de sus palabras, que oye, cuestan un potosí, que me las fabrican en Corea. Como pay pall corporation me ha negado el encriptado pecuniario de los colorines de la página, que yo mismo he pintado a mano, con brocha, me veo obligado a cobrar el coste del visionado en cubitos de mala conciencia. Es un cobro imaginario, muy al gusto de estas latitudes católicas, donde se ha avanzado mucho en el noble arte de hacer daño. Pues eso, se acabó la fiesta y estamos ya en la era de los dolores.
viernes, 10 de junio de 2011
El oficio del idiota (XIII)
En nuestra cultura tiene una gran fuerza el yo como unicidad, casi como monolito psicológico. Desde el histrionismo hasta el desdoblamiento de personalidad, hay una amplia gradación de patologías relacionadas con los distintos habitantes del yo, a quienes no se deja respirar. Ni siquiera está bien vista en sociedad una persona de opinión variable o incluso escéptica, indecisa y tendente a pensar desde la posición de otra persona. A eso se le trata como una intromisión, y frente a esta postura se valoran la integridad, las muestras de unicidad del yo, eso que paradójicamente viene a llamarse personalidad. Si la sociedad premia al yo sin fisuras es porque hace de las personas artefactos prededibles y, por ello, de trato menos desconcertante.
martes, 7 de junio de 2011
El oficio de hacerse un hueco en el pulso chino (IV)
Quiero precisar que durante casi una década me fue fácil ganar los sucesivos campeonatos de España de pulso chino. Recurrí, como ya he confensado en varias ocasiones al Adelantado de Segovia, a una dieta de engrosamiento del pulgar, por entonces desconocida en el país. Este contacto con la vanguardia dietética internacional, junto con mi entrenamiento en el 'pretado de tuercas en los altos hornos de Aceralia, completaron mi formación como atleta. Por primera vez, estas tierras alumbraban un pulsista capaz de medirse a los recios estibadores del bloque soviético y a los industriosos mecánicos de Detroit. Público, ¿por qué me olvidaste?
jueves, 2 de junio de 2011
El oficio de hacerse un hueco en el pulso chino (III)
Me piden insistentemente que diga unas palabras sobre mi victoria en el campeonato mundial de pulso chino de 1983, celebrado en Budapest, en aquellos años en los que este deporte, más aun que el ajedrez o la carrera espacial, enfrentaba como ninguna otra cosa al bloque capitalista con el soviético. Washington dejó aquel año participar a España en la fase final de los mundiales como premio por la reciente entrada en la OTAN. Eurovisión y el campeonato de pulso chino ponían fin a lustros de atávico aislacionismo. Tras firmar un documento en el que me comprometía a no criticar la energía nuclear y en el que perjuraba contra el enemigo comunista, pude tomar parte en el campeonato. Me impresionó ver a los representantes americanos y rusos con el dedo gordo encapuchado. Sólo descubrían sus enormes falanges para competir, y el resto del tiempo las sometían a friegas e hidrataciones con vaporización. Sin embargo, fui capaz de ganar a todos, e incluso de vencer al yugoslavo en la final, gracias a la dieta de cerdo y avellanas con la que mi pulgar adquirió enorme fibra y mayúscula velocidad. Creo que fue ese momento, y no la entrada en la Comunidad Europea tres años después, el que puso a España en el mapa. Sobre la decadencia posterior del pulso chino como disciplina deportiva, sabéis que este asunto me entristece, así que prefiero no hablar más.
miércoles, 1 de junio de 2011
El oficio de vivir (IV)
Todos tenemos un gps interno que nos orienta en eso que Eric Berne llama un guión de vida. Hay un destino que nos marcamos nosotros, aunque en la mayoría de los casos nuestro empeño consista precisamente en huir de nosotros mismos. Vayamos o huyamos, en nuestro guión de vida elegimos la ruta que queremos tomar, como cuando al gps se le pide que vaya por carreteras secundarias o por autopistas de tropecientos carriles o a través de un sembrado. Algunos eligen, como diría Sabina, huir de tontos por ciento y del cuento del business, y otros eligen huir de los que huyen de tontos por ciento y del cuento del business. Nos veo andar a toda prisa por la calle, en dirección a cualquier sitio. Vamos a veces en la dirección que nos hemos dado como destino y otras en la dirección del pretexto que nos hemos ha dado para no alcanzar nuestro destino. Pues sí, el gps tiene una aplicación para cumplir nuestro guión de vida, pero también otra aplicación con las mejores rutas con que excusarnos y eludir nuestros planes. En ambos casos, nos movemos con el gps bien encendido. Y ahí se acaba la metáfora, porque no creo en un gps que mire al cielo en busca de un satélite redentor que lo oriente. Sólo quería decir que noto un escozor de especie en lo que hacemos. Esta niña que corretea ya y es mi hija no estaba en ninguna bitácora, y es más que todo lo que habría podido lograr con mis vanos esfuerzos por llegar a vete a saber tú dónde. Y ahora, chaval, brindemos por los que desconectan el gps y viven con el frenesí de los dioses, y también por los que luchan contra sí mismos y por saber cuál es la ruta o el destino de su viaje.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)